jueves, 5 de febrero de 2015

¿Si tuvieras la oportunidad de realizar un sólo cambio que tuviese un gran impacto en la ciudadanía , cuál sería y cómo lo harías?

Me han hecho esta pregunta en OSOIGO:

¿Si tuvieras la oportunidad de realizar un sólo cambio que tuviese un gran impacto en la ciudadanía , cuál sería y cómo lo harías?

Y quería compartirla con vosotros en mi blog también.

Ojala fuera tan fácil

Los problemas complejos con múltiples causas no se pueden arreglar con una varita mágica, con un solo “deseo”. Si fuera tan fácil, otro gallo nos cantaría. Nos ha traído a esta situación de hastío e incredulidad, una perversión continua y creciente de las instituciones y del sentido de la política, hasta el punto que ésta ha pasado de ser la forma de encontrar soluciones para vivir y convivir de la mejor manera posible (que es el verdadero sentido de que exista la política y por tanto los políticos que son/somos quienes nos han de representar y velar por nuestros intereses), a una especie de negocio para unos cuantos de los que somos víctimas la ciudadanía de a pie. Los órganos de control para que esto no suceda se han ido anestesiando, cuando no desarticulando directamente, pues los perversos de la política, los que le han dado la vuelta a algo tan necesario, los han ido poblando directamente para que las alarmas no saltasen en ningún momento. Recuerdo que UPyD fue la primera que hizo lo único que se podía hacer como una voz en la oposición: poner encima de la mesa que más allá de la crisis económica, el problema era la crisis política e institucional, la corrupción generalizada. No nos quisieron oír. A nadie le gusta tener al lado a Pepito Grillo, sobre todo cuando sabes que ha dado en la tecla y que te está señalando a ti. Los medios de comunicación, cómplices de todo este negocio porque han participado de él y en cierto modo sobreviven gracias a él, también silenciaban nuestra voz (y aún hoy, después de siete años y medio de vida, siguen haciéndolo en gran medida). Siempre hemos señalado los problemas de base: necesidad de cambio en la Ley electoral que refleje la pluralidad real y no dé más poder a unos que a otros, en función de los territorios y no de la cantidad total de votos (poder que ha acrecentado a su vez el peso de los separatistas que ha hecho que se le den concesiones que ha acrecentado el nacionalismo y la antisolidaridad). Señalamos la necesidad de un pacto de Estado por la Educación que además tendría que seguir siendo competencia nacional al igual que sanidad y justicia. Porque no es de recibo que tus derechos en un país dependan de dónde vivas. Señalamos la necesidad de despolitización de la justicia, de los órganos de control, de las Cajas… Y el tiempo, año a año nos ha dado la razón, aunque, incluso cuando se habla del caso Bankia, no se suele nombrar a UPyD, que ha sido quien lo ha denunciado, a pesar de los escollos que los propios fiscales nos han puesto, quien ha hecho posible que salga todo y que se conozca la trama de las tarjetas black, por ejemplo.

Es decir, desde UPyD hemos hecho desde el primer momento el diagnóstico de lo que estaba sucediendo y hemos propuesto las soluciones necesarias, que como digo no puede ser una sola.

Pero como no quiero obviar la pregunta y centrándome en Granada, pues me presento a  la Alcaldía de mi ciudad, aunque igualmente no sea posible arreglar sus problemas “con un solo deseo”, ya que somos de las capitales más endeudadas de España (la décima por cantidad total, la quinta en función de la deuda por habitante), a la vez que de las que más altas en paro (la tercera más alta de toda España), mientras que somos de las tres ciudades más caras del país (por los impuestos locales y sin embargo las otras dos ciudades que están “en el top” son de las que menos paro tienen y las que tienen los sueldos más altos, todo lo contrario a lo que ocurre en nuestra ciudad), creo que si tuviese que elegir una sola medida que realmente tenga un gran impacto y pudiera ser el principio de un gran cambio (y si estuviese en mi mano la decisión, ya que tampoco es competencia de un solo Ayuntamiento para que se hiciese real), sería la fusión de Granada y su área metropolitana. Pasaríamos a ser alrededor de 500.000 habitantes que a día de hoy funcionan como un todo, pero con los inconvenientes de una gestión no conjunta, que lleva aparejado, por ejemplo, a uno de los grandes problemas más allá del paro y la deuda: la movilidad en la ciudad y en toda la periferia. Sería un gran paso adelante en todos los sentidos. Sería una forma de aumentar la eficacia y disminuir el coste. Más servicios para la ciudadanía y sin embargo menos impuestos. Sería el principio de una ciudad más amable, vivible, social, y medioambientalmente sostenible. Sería una revolución en positivo en todos los sentidos.

viernes, 13 de junio de 2014

Pablo Iglesias y allegados, ¿mienten conscientemente o se equivocan?



“Si seguimos con estos discursos puede suceder que ocurra como con el 15-M, éramos radicalmente democráticos, pero radicalmente inoperativos”, Juan Carlos Monedero, mano derecha de Pablo Iglesias, en asamblea 8 de junio de 2014.

A nadie le gusta oír el “ya te lo advertí”… Sin embargo este es uno de los pocos casos en los que, al menos quienes me rodean y con quienes suelo hablar de política, no sólo no se molestarán, sino más bien al contrario. Y es que lo veía venir.

El meteórico ascenso de Podemos ha dejado perplejo a medio país (por no decir al país entero). No voy a entrar a analizar el por qué de este ascenso: causas, variables, efectos; es apasionante, sobre todo para una socióloga como la que escribe que además está metida activamente en política, pero no es sobre esto sobre lo que quiero hoy reflexionar. Es sobre el “hacia dónde” va todo esto. Y es que tras oír un par de días después de las elecciones a un representante de este partido en Sevilla hablando en un medio de comunicación, vislumbré enseguida lo que iba a suceder. Esta persona comentó que iban a empezar a hacer asambleas en las diferentes ciudades del país y que se harían los programas municipales en las mismas, que la gente los elaboraría. Ahí estaba el comienzo del fin. No del final del partido en sí mismo. Sí el fin de la creencia en el mismo de muchísima gente.

Uno de los errores de base, desde mi perspectiva, de este partido es cómo hacer reales sus aspiraciones (que no voy a entrar tampoco a valorar en este escrito, pues el tema merece por sí mismo un análisis más que profundo…).  Entiendo que sólo desde el propio sistema que nos hemos dado en democracia, podemos cambiarlo. Sólo a través de los agentes sociales y políticos podemos cambiar lo que no nos guste. Alguien podría decir que por/para eso ha nacido como partido Podemos. El problema está en el concepto básico de funcionamiento de la democracia. Todos estamos de acuerdo en que es la ciudadanía la que se debe autogobernar. Hasta aquí no hay diferencias. La clave del asunto, entiendo, es el cómo se lleva a cabo la misma. La mayoría a día de hoy aceptamos que es imposible el autogobierno cuando hablamos en este caso de 47 millones de personas bajo un mismo techo, si no delegamos nuestra voz en alguien/es. Yo soy la primera que estaría encantada de asumir otra fórmula que aumentase aún más la calidad democrática y de hecho desde UPyD estamos en ello (transparencia de verdad interna y externa, que exigimos dando ejemplo; pedagogía democrática y por tanto aumento de la participación activa, proactiva mejor dicho, de la ciudadanía que haga que la gente “nos controle” y exija día a día, más allá de las votaciones cada cuatro años; cambio de la ley electoral para que sea más proporcional y no prime el bipartidismo y sí la pluralidad, al tiempo que no se menos cabe la gobernabilidad; eliminación de cualquier tipo de privilegio; limitación de cargos públicos electos y de libre designación; etc). Pero por mucho que las nuevas tecnologías avancen, no creo que sea posible estar constantemente votando todo y poniéndonos de acuerdo 47 millones de personas sin delegar. De ahí la necesidad de los partidos que debieran ser herramientas para llegar a esos acuerdos, para convivir de la mejor manera posible. El problema radica, entiendo, en que este partido nace de la idea (al menos eso dicen; ya veremos lo que finalmente hacen…) de que sí se puede llegar a acuerdos de forma asamblearia y constante; el número de personas que nos tenemos que poner de acuerdo, parece no ser un problema para ellos. 

Podemos, habiéndose constituido en partido, se ha convertido en esa herramienta eficaz en democracia para cambiar las cosas, es decir, en esa herramienta en la que delegar para llegar a acuerdos en nombre de un sector de la sociedad. Pero por otro lado mantiene la fantasía de que “sus dictados” serán consensuados de forma asamblearia. El emblema de un partido con esta filosofía ya era bastante contradictorio y apuntaba lo que iba a suceder: ¿la foto de una persona concreta realmente representa esta forma de gobierno que pretenden defender?...

Y al oír que los programas se llevarían a cabo por la ciudadanía en asambleas, lo vi claro. Olvidan estas personas lo que somos: precisamente eso, personas. Como tales tenemos una parte racional y otra emocional, tan importante (cuando no más) que la primera. Esta segunda parte suele explicar reacciones supuestamente incomprensibles si analizamos todo lo que sucede a nuestro alrededor sólo desde la esfera de lo racional. Más allá de nuestras ideas, están nuestras emociones, sensaciones, egos, seguridades e inseguridades, aspiraciones, etc. Y ese es el problema de fondo que este partido ha obviado por completo. Ha contado con la parte racional y piensa que pueden ponerse de acuerdo muchas personas que más o menos, se supone, están en una misma sintonía a ese nivel, “el racional”. Esto por sí sólo ya es complicado (más allá de la pura sistemática complicada de la gestión de muchas personas). Si se ponen ideas encima de la mesa sobre un modelo de ciudad que divide a estas personas en un 50/50 más o menos, ya tenemos un problema. Pero es que lo más complicado de gestionar, sobre todo cuando se obvia, es la parte emocional. ¿Quiénes de todas esas personas van a ser las interlocutoras de esas ideas? Porque al final, sí o sí, tienen que delegar en alguien para que las represente. Y suele haber siempre más personas con “ganas de representar” y convencidas de que pueden y “deben” hacerlo, que posibilidades reales de ello. Y además, ¿hasta qué punto estas personas están dispuestas a defender lo que se decida asambleariamente incluso por encima de sus creencias o posicionamientos? Vi claro entonces que si Podemos no se une a IU y de alguna manera se organiza internamente, terminaría autoeliminándose, o bien quedando en un reducto. 

Lo que no pude entrever fue hasta qué punto la sinrazón de llevar a cabo una democracia asamblearia, ni siquiera dentro del propio partido, iba a estallar tan pronto. Veía clara que la necesidad de tomar decisiones “sobre la marcha” cuando estás ya dentro de las instituciones iba a generar incoherencias internas. Lo que no podía imaginar es que el propio dirigente (supongo que para ellos no lo será desde su propia filosofía, aunque se esté comportando como tal…) y su equipo tenían muy claro que una cosa es lo que predican y otra muy diferente lo que tienen en mente hacer. No pensé que el cinismo y la hipocresía fuese tan obvia a pesar de la famosa foto/logo. Está claro que Pablo Iglesias y compañía han utilizado a mucha gente vendiendo un humo que ni siquiera ellos creen (aunque los de “más abajo” no me cabe la duda de que a pies juntillas), y cuando han conseguido su objetivo se acabó el sistema asambleario hasta el punto de ni siquiera respetar las reuniones de delegados que ellos mismos habían consensuado para determinar entre todos su futuro. Quizás si hubiese visto antes los videos en los que Pablo Iglesias, por ejemplo, se acercaba a sus alumnas y alumnos para decirles lo que tenían que hacer y decir en su intento de scrache a Rosa Díez en la Universidad, si hubiese visto como manejaba la situación y a la gente cual peones, lo podría haber previsto. Tras oír sus proclamas y ver sus actos me queda meridianamente claro: Stalin ha resucitado (y eso que no soy creyente), pero olvidan que la gente a la que pretenden manejar no es la de hace un siglo, analfabeta, proletarios sin apenas derechos, siervos del campo “locos” por correr hacia la supuesta libertad prometida, y mujeres sin reconocimiento alguno, siquiera como personas, con los mismos pocos derechos que sus homólogos varones. El Zar disfrazado de revolucionario demócrata ha errado totalmente en su cálculo. Y los suyos mismos se han revelado en tan sólo dos semanas desde las elecciones. Sigo sentada expectante el devenir de este fraude. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Refutación a las tesis arzobispales de una mujer cabreada






Quousque tandem abutere, Arzobispo, patientia nostra?
 

Entre el trabajo que me tiene desbordada y el cabreo con lo sucedido, hasta hoy no me he puesto a escribir… Casi ha sido bueno que no haya tenido un momento de descanso y que haya podido sosegar el enfado que despertó en mi la noticia que salió a la luz hace 10 días sobre la edición del “libro” (es una palabra demasiado importante para que esto se considere tal, por lo que no he podido evitar entrecomillarlo), Cásate y sé sumisa, avalado nada menos que por el arzobispo de mi querida tierra, Granada.

Resulta que el título ya dice algo muy claramente. Por un lado nos ordena a las mujeres (es un imperativo), que nos casemos. Y añade además cual ha de ser nuestro papel en esas relaciones matrimoniales: la sumisión. El “señor” arzobispo reta, en sus declaraciones posteriores al revuelo montado con el “libro”, a encontraren él frase alguna que conlleve la potenciación de la violencia sobre las mujeres. Para empezar hay que dejar muy claro que hay muchos tipos de violencia y muchas formas de generarla. La palabra sumisión en sí misma conlleva sometimiento a voluntad ajena y en un estado de derecho como el actual, con una Constitución como la nuestra, es un claro atentado al artículo 14 de la misma. En una sociedad como la nuestra, promulgar la sumisión lo considero en sí mismo una forma de potenciar la violencia, de institucionalizarla y pretender naturalizarla. La sumisión es una característica típica de sociedades que validan de alguna manera la esclavitud. Recordemos lo que la Real academia española dice que es sumisión: 
1. Sometimiento de alguien a otra u otras personas.
2. Sometimiento del juicio de alguien al de otra persona.
3. Acatamiento, subordinación manifiesta con palabras o acciones.
 Es violencia pretender que una persona, por el hecho de tener una característica concreta, en este caso un determinado sexo, ocupe un lugar inferior con respecto a otra con un sexo diferente. Pretender eliminar la igualdad y pasar a un segundo plano a cualquier persona, es sí o sí, violencia en sí mismo. Pretender que una persona ha de comportarse de determinada manera, ha de actuar, sentir, pensar, de determinada manera, por el hecho de tener un sexo u otro, es violencia. Atenta contra la libertad y vuelve a intentar justificar las diferencias de los roles sociales en las diferencias fenotípicas de mujeres y varones. Vuelve a intentar otorgar diferentes papeles sociales a unos y otras en función de lo que cada cual tiene entre las piernas. Obvia que haya capacidades y potencialidades diferentes que nada tienen que ver con ser “XX” o “XY” y que son esas potencialidades y no otras las que debemos tener en cuenta para saber qué papel ha de tener cada cual en la sociedad, si creemos que, por equidad social, es el mérito y la capacidad, sólo posible desde la igualdad de oportunidades, las que deben de determinar dónde está una persona y qué papel quiere tener (nada que ver con “debe tener”) en dicha sociedad. Vuelve a hacer hincapié en que las mujeres debemos volver a estar en la esfera privada exclusivamente. Lo cual a su vez conlleva, no ya la violencia intrínseca de la obligatoriedad de comportarse de determinada manera en la vida, sino la que puede conllevar el “saltarse” esa supuesta “ley divina” que se deja entrever y que constata el que haya sido la iglesia quien avala su edición.
Olvida este “señor” que avalar algo así implica un “deber ser” socialmente castigado si se salta. Por tanto conlleva violencia potenciar este tipo de pensamiento. No hace falta que se nombre cual será el castigo de las mujeres que no opten por “ser así”.La violencia de género que vivimos hoy, aún lejos de desaparecer, es producto precisamente de ese mensaje ancestral que todos los organismos internacionales, la Unión Europea, y España intentar revertir desde hace años. La violencia de género no es ni más ni menos que el resultado de un pensamiento en el cual se pretende no sólo que somos diferentes mujeres y varones sino que hay uno superior al otro y por tanto éste que se siente superior se siente también con la potestad de imponer su voluntad, incluso hasta el extremo de quitar la vida a la mujer que no ha hecho lo que considera “tenía que hacer como mujer””. Es obvio que asumir estos planteamientos por una mayoría social conllevaría castigar de diversas maneras a quienes se saltan los mismos y multiplicaría la actual tasa de muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, basadas en esta idea de pertenencia, de posesión, de superioridad, de sumisión de las mujeres hacia los varones.
Castiga por tanto otras opciones de vida: no casarse, ser madre soltera y por supuesto ser homosexual. Todo esto simplemente lo obvia, como si no existiera, y por tanto implícitamente como si no debiera de existir, convirtiendo estas opciones en algo “invisible” e “indeseable”, y al final igualmente reprochable. Es decir, genera a su vez también violencia sobre otras formas de ver la vida más allá del matrimonio heterosexual.

“Señor” arzobispo; creo sinceramente que se ha equivocado de época, que afortunadamente hasta dentro de su iglesia esta forma de entender las relaciones entre mujeres y varones es ya prácticamente inexistente y que su propio “jefe actual” está muy lejos de entenderlas así. Quiero creer que su forma de pensar está en extinción y que por más que se aferre al pasado ya no volverá. Pero está claro que utiliza todas las armas a su alcance para revertir los avances igualitarios que, aunque muy tímidos aún, se están dando y de ahí el rechazo generalizado incluso entre sus compañeros y los sectores más conservadores de la sociedad. “Señor” arzobispo, aún está a tiempo de reconocer que se ha equivocado. Y aunque estoy segura de que no lo hará, le recomiendo “que se lo haga ver” porque se ha quedado usted solo y, si mal no recuerdo, la soberbia y la prepotencia son pecado.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Escuchar antes de disparar



Por favor, no disparen a matar antes de oír un mensaje completo, por eso de la democracia, "man que sea"...

Es curioso cómo aquellos que llevamos más a gala lo escrupulosamente demócratas que somos (metámonos todos porque creo que más de una vez hemos podido caer en ello), a veces, caemos en fusilar a alguien cuando dice una frase sin oír los argumentos que la sostienen. Es más, gente que te conoce y no poco, gente que conoce tu forma de pensar; da igual, a veces parece que debe producir cierto placer pensar que alguien ha metido la pata y señalar con el dedo acusador sin reflexionar ni un segundo si esa supuesta metedura de pata es “lógica” en la persona que conocemos. Sobra decir además que todos tenemos derecho a equivocarnos, pero en ocasiones hasta ello se obvia.
Lo sabía. Esa mañana conforme las palabras salían de mi boca sabía que ocurriría. Decir que las listas abiertas son populistas y saber que casi seguro se van a obviar las explicaciones del por qué, es lo que tiene: se te tira todo el mundo encima. Curioso que personas que me siguen en Twitter y saben como pienso, por ejemplo, entren a saco también con el fusil y no me pregunten el por qué, que en el corte de radio no se ha añadido puesto que sólo ponen segundos de una declaración completa al no ser parte de un debate radiado en su integridad.

Ciertamente suena la mar de democrático. ¿Por qué no se va a poder elegir a quien yo quiera para que me represente? ¿Por qué un partido me tiene que decir quién ha de hacerlo? Parece absolutamente irrefutable, ¿verdad? Y en principio lo es y lo comparto. Siempre y cuando se trate de elegir entre quienes conozca. Porque sino, ¿cómo puedo elegir yo "al mejor", al más honesto, al más capaz y que además lo que vaya a hacer, las ideas que defienda, sea lo que entiendo que es lo lógico? Quizás haya quien sostenga que al margen de la cantidad de población, debemos educar a la gente para que sea lo suficientemente responsable políticamente, para que se sienta tan impelido a participar de forma activa y racional, que la ciudadanía dedique gran parte de su tiempo a conocer quienes están en política, de cada uno de los partidos, a todos los niveles y así pueda darse esa votación con conocimiento de causa. Si fuese así, efectivamente creería que la mejor de las propuestas, al margen de la cantidad de población y de que conozca a las personas más o menos directamente o no, son las listas abiertas. Hay quien dirá que hoy es posible gracias a las redes lo cual es cierto. Pero de ahí a que incluso en una población concienciada políticamente existiese ese nivel de conocimiento y búsqueda activa y seguimiento de cada persona relacionada con la política (a nivel municipal, autonómico y nacional de cada fuerza política), como para que eso fuese un hecho, creo de verdad, que estamos hablando, no ya de educación para una ciudadanía responsable políticamente, sino de una auténtica utopía, por muy deseable que sea. 

Además, las listas abiertas sin ese conocimiento profundo de los candidatos y candidatas podría dar lugar, siempre desde mi particular punto de vista, a que aquellas personas elegidas no sean las más capaces, honestas y dedicadas a buscar la mejor fórmula para la convivencia ciudadana, sino que se podría generar una competencia individual que nada tenga que ver con llevar a cabo un proyecto de un partido concreto y sí mucho con los egos personales de cada cual. Las elecciones estarían más centradas en la “venta” individual de cada candidata o candidato; crearía desigualdad a la hora de los medios que cada cual tuviese a su alcance para ello porque incluso si el partido o una Ley estableciese algún tipo de límite para intentar que fuese más igualitaria la campaña, la influencia personal por lo profesional, por pertenecer a un determinado estatus social, etc., desvirtuaría dicha igualdad de partida. 

En resumen, creo que la supuesta democracia ganada con las listas abiertas al margen del número de población del que se trate, no sería realmente tal y crearía más disfunciones que ventajas. Es más, estoy convencida que el tanto por ciento real resultante de gente capaz elegida por este sistema, frente a gente que realmente no lo es, sería más o menos el mismo que si se eligiese a la gente por sorteo. Y además este segundo sistema garantizaría que una vez elegidos los posibles representantes por sorteo entre la afiliación de cada partido, todas las personas de la lista fuesen a una: a defender el proyecto que se supone los lleva a militar en el partido del que forman parte. 

Además, cuando se hace una lista desde un partido por ejemplo en el caso de Granada a nivel municipal, se supone que se hace pensando en el trabajo que se va a desarrollar en la institución, o por lo menos esas debieran ser las razones “razonables”, valga la redundancia, si se gobierna pensando en la ciudadanía. Por tanto es muy importante ordenar la lista pensando en gente que sea experta en los diferentes temas/ competencias que en el caso de un Ayuntamiento  se desarrollan. Es decir, que una lista pensada realmente para gestionar un municipio de la mejor forma posible, tendrá en cuenta, entiendo, que en función del número real de personas que se estima pueden llegar a salir electas, resulte el mejor y más completo equipo posible. Ello supondría tener a gente experta/conocedora de temas jurídicos y más concretamente en derecho administrativo local; tener a gente experta en economía y a poder ser con conocimiento de la gestión económica en el ámbito público; gente experta en servicios sociales desarrollados desde los consistorios; gente experta en urbanismo y con conocimiento de la legislación y gestión urbanística que compete a las administraciones públicas; gente experta en cultura, en movilidad, en igualdad, en participación ciudadana, en medioambiente, en salud, en mantenimiento, en patrimonio, en seguridad ciudadana, etc. Es decir, entiendo que lo lógico sería proponer un equipo de gente en base a sus capacidades y las necesidades que supone una buena gestión de cada administración. Con un sistema de listas abiertas se rompería esa lógica. 

Desde mi punto de vista la verdadera democracia se potencia y se logra haciendo que de verdad haya democracia interna en los partidos. Como de hecho sucede en UPyD. Creo que ese es el verdadero antídoto contra la mediocridad, el clientelismo, el enchufismo y el vivir de la política y no para la política. Por eso es tan importante que dentro de los partidos se generen procesos reales de listas abiertas. Ahí sí es posible que se dé ese conocimiento para votar con un sistema real y equitativo de listas abiertas. Si bien ello no quita que varias personas puedan presentarse en  candidaturas conjuntas, es vital para un verdadero proceso democrático que cada persona afiliada pueda por un lado presentarse individual o conjuntamente con otras personas, y por otro votar. Y que al margen de que haya candidaturas de gente que se sienta, por lo que fuere, más a fin, la votación sea individual y obviamente secreta. Este, entiendo, es el mejor de los métodos para garantizar una democracia sana. El que los partidos internamente promuevan fórmulas reales basadas en la capacidad, mérito y honestidad, para que luego sea posible unas elecciones externas donde aunque sea imposible el conocimiento de las personas de cada lista de forma directa, se tenga una cierta garantía de que van a ser las mejores.

Finalmente aclarar por qué entiendo que sería populista las listas abiertas para poblaciones de más de unas 5.000 personas: potenciaría al más popular o a quien tiene más potencial para serlo y tenemos mil ejemplos de personas populares cuya capacidad personal deja mucho que desear; encantadores de serpientes cuya máxima habilidad es ésta y poco más. Y a su vez sería populista por la falsa percepción de democracia que ello conlleva como ya he explicado.
Si apostamos por una democracia real debemos buscar la mejor fórmula para que quienes nos representen estén a la altura de ello. Apostemos por procesos internos realmente abiertos y de abajo a arriba en los partidos y así tendremos garantizado, entiendo, con una fiabilidad bastante alta, que las personas que los partidos nos propongan sean realmente las más capaces y comprometidas con unas determinadas ideas, y no con ellos mismos o sus partidos.

Y ahora, si quieres, dispara. Aunque sigo pensando que en democracia “no queda muy bonito eso de fusilar a la gente” porque piense diferente, vamos, digo yo.

martes, 30 de julio de 2013

Las mujeres seguimos siendo maltratadas, ahora desde el propio gobierno de la nación

Las mujeres seguimos siendo maltratadas, ahora desde el propio gobierno de la nación

La indolencia de este gobierno hacia los temas sociales no es algo nuevo ni que sorprenda. Al fin y al cabo estamos hablando de un partido de derechas y por tanto en sus prioridades sabemos que lo social sencillamente no está ni se le espera. Porque no forma parte de su ideología, sencillamente.

Efectivamente han ganado las elecciones por mayoría absoluta y tienen todo el derecho del mundo a llevar a cabo su política que nada tiene que ver con priorizar a quienes más lo necesitan. Pero una de las cosas que más me sacan de quicio es que pretendan engañar al personal e intentar vender aquello que simplemente no está en su ADN, como partido conservador que es. No me parece lícito que presuman de algo en lo que no creen y con lo que no comulgan como bien se recoge en su ideología: su sensibilidad social no existe. Porque recuerdo que esta ideología parte de que cada cual tiene lo que se merece. Niegan que haya una obvia influencia de “de dónde vienes” a nivel familiar y de estatus socio económico para determinar “dónde estás”. Niegan lo que provoca la desigualdad, porque aún existe, por mucho que en estos sectores haya quien diga que no, y es la que explica por qué sigue estando, en %, mucho más lleno el Congreso, por ejemplo, de gente cuyas familias han tenido cierto nivel económico y cierto estatus social que los % con los que se distribuye entre la ciudadanía. Esa desigualdad explica también por qué las mujeres, por ejemplo, tardan el doble de tiempo que los varones en encontrar un empleo tras terminar estudios universitarios, cuando suelen terminar los mismos en menos tiempo y con mejores notas de media.

La semana pasada nos despachamos con que ahora las lesbianas y mujeres solteras no van a poder inseminarse por la Seguridad Social; sólo las parejas heterosexuales (y veremos a ver si de aquí a nada les exigen que estén casados… y por la iglesia). Pero el colmo es lo que ha aparecido en algún medio esta mañana. Que entiendo debiera de haber abierto las portadas de todos los periódicos y las tertulias de todas las radios. Que espero no se pase de puntillas como si de algo nimio se tratase: resulta que para que aparezcas en las estadísticas como mujer maltratada, tendrán que ingresarte en un hospital y mínimo 24 horas. No importa la lesión, ni su gravedad, ni si te va a dejar o no secuelas. Sólo se contabiliza si estás ingresada mínimo 24 horas.

Y es que desde que se puso encima de la mesa la necesidad de contabilizar de esta forma la violencia sobre las mujeres, si bien casi todo el mundo estaba de acuerdo en su importancia, incluido parte del actual gobierno, hasta ahora no ha habido posibilidad real de hacer tal recuento. Y cuando ya estamos preparados para hacerlo resulta que la vara de medir del gobierno actual es que “si saco esta estadística va a parecer que con el PP la violencia machista crece”. Así que “para que no sea así, ¿qué hacemos?”, se han debido de preguntar. “¡Eureka!, quitamos de en medio a la gran mayoría”. Hay que recordar que dar el paso de ir a que te asistan, cuando eres mujer maltratada es ya todo un reto y por tanto, muchas de las mujeres maltratadas no acuden al hospital. De las que sí lo hacen, según estudios, son muy pocas tan gravemente heridas como para ser hospitalizadas, y más estando en los tiempos de recortes en los que estamos, añado yo. De hecho el 87% de las mujeres heridas “sólo necesitó de una primera asistencia médica para su curación”. De forma que del restante 13%, que incluyen traumatismos, por ejemplo, y que tampoco suponen ingreso, sólo una parte finalmente terminan ingresadas y que supere las 24 horas, no sabemos exactamente el % , pero nimio. De nuevo se invisibiliza una de las mayores lacras sociales cuando este dato, el de las mujeres maltratadas atendidas en hospitales, podría ser un comienzo para saber cuántas víctimas reales hay en este país y por tanto para saber qué hacer y cómo prevenir. Recuerdo que en el primer trimestre de este año se han registrado más de 3.544 denuncias procedentes de partes de lesiones lo que supone cerca de 1.150 de media al mes. Y es sólo la punta del iceberg. Porque recuerdo también que el 80% de las mujeres que mueren a manos de sus parejas nunca habían denunciado.

De nuevo en época de crisis, somos las mujeres las que pagamos doble. Toda esta situación está intentando validar el progresivo desmantelamiento del Estado del Bienestar, y con ella los peldaños hacia la igualdad conseguidos. Por eso el PP está como pez en el agua: está logrando socavar lo que hemos logrado en una lucha de siglos, volviendo a imponer una brecha social de la que será imposible salir, anulando e impidiendo de facto la igualdad real, volviendo a formar castas e intentando a su vez vender que están con los más débiles cuando, como mucho, lo que ponen en marcha son medidas asistencialistas que para nada tiene como objetivo real la reversión de esta situación. Vuelvo a decir que han sido votados para poner en marcha sus ideas. Pero hagan el favor de quitarse la máscara y no intentar engañar a nadie.

sábado, 8 de junio de 2013

Perdiendo nuestros derechos laborales

De la hipocresía que nos lleva a la progresiva eliminación del Estado del Bienestar

El Banco de España se ha convertido en el observatorio laboral del Estado. Lejos de dedicarse a garantizar que la banca española no sea un lastre para la población y que la gestión de la misma no provoque un sangrado constante de las arcas del país, lejos de haber advertido de la barbaridad que suponía poner al frente del 52% del sistema bancario, controlado por las Cajas, a ineptos políticos que se han dedicado a saquearlas con fines partidistas cuando no personales, lejos de hacer su trabajo, que se ve que no les llena, ahora se dedican a decidir el sueldo de los demás. Eso sí, aún estoy esperando que anuncien el recorte de los propios, por aquello de predicar con el ejemplo.


Hace unos meses el Gobernador del Banco de España abogó por una bajada salarial. Como solución al desempleo y para no perder productividad puso encima de la mesa “la gran idea”: trabajar por menos dinero. Pero ni una palabra de qué bajada iba a suponer esta propuesta sobre su propio sueldo. Normal, cuando Rajoy recortó el año pasado la paga extraordinaria de diciembre en la administración pública, el decreto dejaba muy claro que las medidas, supuestamente buenas y necesarias, lo eran para los demás, no para ellos mismos. Así, se dejaba fuera de este decreto a los cargos electos y al personal de confianza.
¡Como debe ser en una democracia, dando ejemplo! Hace falta recortar pero, “casualmente”, siempre a los demás. Y para colmo, en aquellos sitios donde supuestamente dichos cargos electos en un “alarde de grandeza”, deciden que se van a aplicar tal recorte, resulta que mienten vilmente porque dicho concepto, el de paga extra, o no existe o es un ridículo 1% del sueldo, muy lejos del más del 7% que supone para el resto de los mortales a quienes no les queda otra que acatar la orden y dar las gracias porque no se aplique a las dos pagas extras.

Siguiendo con nuestro querido, costoso y poco útil Banco de España, ahora arremete no ya con los salarios en general, sino que incluso se atreve a sugerir que se realicen contratos por debajo del salario mínimo, proponiendo que en determinados casos sencillamente no exista. Se supone que esto también supondría un aumento del empleo ¡Hombre claro, y también se podía trabajar el doble y cobrar la mitad! Produciríamos mucho más y las empresas explotadoras en vez de irse a los países “sin derechos” se quedarían al poder explotarnos aquí. Éste es el verdadero trasfondo de todo. La política económica llevada a cabo por unos y otros ha sido el principio del fin. No sólo está en peligro y en cuestión el Estado del Bienestar, sino que los derechos laborales más básicos conseguidos durante el siglo XX están eliminándose de manera atropellada. Hemos sido tan hipócritas que si bien de puertas para adentro éramos supuestamente muy progres, de puertas para afuera no nos ha importado negociar con dictaduras en las que los derechos laborales no existen (muchas veces ni siquiera los fundamentales). Hemos consentido que se explote a otras personas para comprar e incluso producir marcas europeas y españolas, con el marchamo del supuesto primer mundo, a precios irrisorios. Recuerdo con vergüenza y estupor los recientes derrumbe e incendio de dos fábricas textiles en Bangladesh, con más de 500 trabajadores muertos, que producían para empresas europeas y españolas de primer orden. Hemos entrado de lleno en un consumismo feroz basado en esa explotación y hemos mirado para otro lado. Nadie quiso ver lo que eso suponía al margen del más absoluto y ruin de los cinismos: “pan para hoy y hambre, literal, para mañana”. Si realmente somos demócratas y apostamos por la justicia social, la igualdad y los derechos fundamentales mínimos para cualquier ser humano, tendríamos que haber tratado única y exclusivamente con los países que compartiesen estos parámetros. El no hacerlo ha hecho que lejos de exportar nuestro modelo democrático y de bienestar, éste empiece a ponerse en cuestión y que nos veamos cada vez más abocados a imitar el régimen de cuasi exclavitud de otros países y que, para colmo desde su púlpito, estos “ilustrados” como el Gobernador del Banco de España o nuestro Presidente, nos lo quieran vender como inevitable. Eso sí, sin aplicarse a sí mismos la medicina que recetan… ya se sabe “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”…


Sólo cabe una salida digna, sólo cabe una esperanza: Empezar a concienciarnos de la necesidad de comprar productos que garanticen unos derechos laborales dignos, aunque ello implique un mayor coste y exigir a nuestros representantes a todos los niveles el hacer lo propio. Si no, seguiremos cavando nuestra propia tumba. Y el agujero ya está casi terminado.